4 febrero, 2023

El Hurlinguense

PARA 7 MAGNÍFICOS EL FINAL ES UN DULCE INICIO.

En plena Capital Federal, Tabaco, la primera parada del Tour 22-23, ya se presenta inserta en una encrucijada. Luces tenues, una pequeña escalera de seis escalones y ese largo pasillo exhibiendo su inefable mosaico tan antiguo como pintoresco. Marcas disimiles que parecen referirse a lugares distintos, o como si al ingresar se bifurca el camino. Y sin embargo, irradia una simbiótica conexión que 7 Magníficos abrazó de principio a fin para exponer un abanico de matices con maestría, porque los aplausos reflejaron perfecto las caras auténticas de cada noctámbulo.

El avance de 7M a costa de sacrificio colectivo puede verse, tal vez, como un paralelo de la fortificación de la relación entre los músicos. Con frecuencia, se instala en alguno de los temas, como Viva Paraguay y Soledad, ese contenedor feedback con el público. Esta vez, por supuesto, no fue la excepción a la ecléctica regla.

Pueden pasar unos instantes efímeros de silencio que, atravesando las sucesivas capas se encuentre, de repente, con una sincera muestra de vigor transformado en melodías certeras: ahí, en el corazón del repertorio, está Hermano y maestro, presentado en sociedad y cuya trama energiza un cálido mensaje que corre entre las venas.

Ese sótano rockero, marcado por la esencia de antaño, colorido y tenuemente iluminado se volvió estruendoso, casi abrazador, con 7M en el centro de la escena y siempre seductor entre las penumbras del centro porteño.

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